Fragmento…

Cada vez percibo con más claridad que el entretenimiento obsesivo es enemigo de todo el ecosistema. No sólo me refiero a las excursiones devastadoras, a la contaminación ambiental, a los incendios provocados por la indolencia, sino a la penosa actitud que se esconde detrás: cuando no se cultiva la vida interior se acaba arrasando con la vida que hay fuera (que no es de nadie en particular, sino de todos). Por eso también la sobreexplotación de los recursos naturales es en gran medida una cuestión de falta de vida interior. No me sorprende que la continua repetición de ciertas actitudes, como la precipitación o el ansia, degeneren fácilmente en un estado de insatisfacción permanente; y que ese descontento impida mirar noblemente el entorno. Estoy convencido de que sin una vida personal más equilibrada resulta imposible impulsar el equilibrio sostenible que tanto se predica en la actualidad.

«Vivir el momento» se ha convertido para muchas personas en copiar el momento una y otra vez, con los mismos hábitos; porque el animal encerrado sólo sabe repetir una pequeña secuencia de actos mecánicos. La propia obsesión en la búsqueda del placer es un claro ejemplo de este proceso, ya que los hábitos que genera la ansiedad se acaban transformando en una rutina que limita enormemente la capacidad de disfrute. El mero entretenimiento nunca conduce al árbol, sino al desprecio por todo lo que no es inmediato. Esa inmediatez tan extendida en la sociedad explica la ceguera ante cuestiones –como la del respeto al entorno natural– que exigen una visión amplia, sin resultados al instante. Pero la naturaleza no entiende de frivolidades, ni de comportamientos adolescentes. El que ama la naturaleza, la persona que ha sentido alguna vez la cercanía y la complicidad de un árbol, lo sabe perfectamente. Ya hemos demostrado sobradamente la capacidad de transformar nuestro entorno natural y ahora queremos hacerlo con nuestra propia genética, pero me pregunto si algún día seremos capaces de transformarnos a nosotros mismos en mejores personas…

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